Catedral de Albacete. 21:00 h. Exposición del Santísimo Sacramento:
«La palabra del Señor permanece para siempre. Y esa palabra es
el Evangelio que os anunciamos». Esta frase de la Primera carta de san Pedro, que
retoma las palabras del profeta Isaías, nos pone frente al misterio de Dios que
se comunica a sí mismo mediante el don de su palabra. Esta palabra, que
permanece para siempre, ha entrado en el tiempo. Dios ha pronunciado su palabra
eterna de un modo humano; su Verbo «se
hizo carne». Ésta es la buena noticia. Éste es el anuncio que, a través de
los siglos, llega hasta nosotros.
«Os anunciamos la vida
eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído
os lo anunciamos para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos
con el Padre y con su Hijo Jesucristo». El Apóstol habla de oír, ver, tocar y contemplar al
Verbo de la Vida, porque la vida misma se manifestó en Cristo. Y nosotros,
llamados a la comunión con Dios y entre nosotros, debemos ser anunciadores de
este don.
Benedicto
XVI exhorta a todos los fieles a reavivar el encuentro personal y comunitario
con Cristo, Verbo de la Vida que se ha hecho visible, y a ser sus anunciadores
para que el don de la vida divina, la comunión, se extienda cada vez más por
todo el mundo. En efecto, participar en la vida de Dios, Trinidad de Amor, es
alegría completa. Y comunicar la alegría que se produce en el encuentro con la
Persona de Cristo, Palabra de Dios presente en medio de nosotros, es un don y
una tarea imprescindible para la Iglesia. En un mundo que considera con
frecuencia a Dios como algo superfluo o extraño, confesamos con Pedro que sólo
Él tiene «palabras de vida eterna».
No hay prioridad más grande que esta: abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso
a Dios, al Dios que habla y nos comunica su amor para que tengamos vida
abundante.
Benedicto
XVI. Dei Verbum.
Con esta monición comenzamos nuestra oración. Estuvimos cerca de 45 personas rezando delante del Señor, la Palabra hecha carne. En esos momentos, el Señor, tuvo una Palabra para cada uno de
nosotros, una Palabra viva, una Palabra de vida. Nos fuimos acercando al altar y cogiendo cada uno un pequeño papel que contenía una lectura de la Palabra de Dios. En silencio meditamos
lo que nos quiso decir, y el Espíritu Santo fue modelando nuestros corazones. Hubo pequeñas intervenciones y a continuación nos desplazamos en solemne procesión con el Santísimo hacía la capilla de la Virgen de los Llanos para recibir la Bendición y despedirnos de María.
Después, un grupito nos fuimos a cenar!!!! jejeje
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