
Comienza un año en el que podemos decir con enorme alegría que el número de seminaristas (que sabemos que no es, ni mucho menos, el único baremo, pero es un medidor importante de la "salud" de nuestra diócesis) aumenta. Un año en el que el poso dejado por los encuentros de verano (destacar otra vez la JMJ) va a dar muchos frutos. Un año en el que pretendemos mantener viva la presencia de la Pastoral Vocacional en la vida diocesana, continuando y fomentando actividades que sabemos bien que pueden hacer mucho por ayudar a que la semilla del Reino siga creciendo.
Volvemos a caminar juntos en una dirección: la que nos marca Cristo y nos conduce a Él. El que más nos puede colmar de felicidad (y una vez más, no es un tópico, que los que lo habéis experimentado así sabéis cuánta verdad hay en estas palabras). Un año en el que el Señor nos vuelve a regalar la oportunidad de reunirnos, de compartir, de celebrar los grandes acontecimientos que, como florecillas que empiezan crecer al borde del camino, nos ayudan a ver lo hermoso que es seguir confiando en que como Dios, nadie, y que como Él nos quiere, incluso con nuestros defectillos y errores, nadie nos querrá.
Comienza un año en el que estamos dispuestos a dar lo que haga falta para que todos, vosotros, nuestros lectores asiduos, y nosotros, seminaristas y gente próxima a la pastoral vocacional, todos, veamos de verdad cómo responder a la pregunta que encabeza este blog (ese "¿qué quieres de mí?" que resuena en tantos oídos) es el camino hacia la felicidad por medio del amor y la entrega a los demás.
Sólo nos queda pediros un favor. ¡¡Hacednos trabajar!! Nuestra vida tiene sentido sólo si transparenta la de Cristo. Exigidnos que hagamos eso, ayudadnos a hacerlo, hacedlo con nosotros, porque cuanto más presente esté Cristo y su Evangelio en este mundo, más cerca estaremos de alcanzar todo aquello que podamos soñar como la mayor de nuestras metas: la felicidad más plena.
¡¡Feliz curso 2.011-2.012!!
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