sábado, 15 de febrero de 2014

Vigilia de Oración por las Vocaciones

Este mes tendremos una vigilia especial. Tendremos la Eucaristía y nos acompañará el grupo internacional Gen Verde y nuestro Coro Diocesano. Empezaremos a las 20 horas.




Actualmente el grupo se compone de 21 mujeres de 13 países. Hizo más de 1400 actuaciones durante varias giras en Europa, Asia, sur y Norteamérica.  El original estilo musical del grupo evoluciona con la llegada de cada nuevo componente. Las diversas influencias traen una mezcla étnica y cultural específica y rica y una amplia gama de géneros tradicionales y contemporáneos. Hasta la fecha la banda ha lanzado un total de 70 álbumes.  Mientras que la configuración del grupo ha cambiado con los años, los valores en la base de sus objetivos artísticos siguen siendo los mismos: ayudar a crear una cultura global de paz, diálogo y unidad. 

El Gen Verde tiene su base en la ciudadela de Loppiano Internacional (a 20 km al sur de Florencia, Italia) donde personas de todos los orígenes y razas comparten la creatividad y experiencia enriquecedora para construir la unidad en la diversidad. 

Conócelo un poco más en: www.genverde.it

domingo, 2 de febrero de 2014

Candelaria: felicidades

En el día de la Vida Consagrada, damos gracias a estas personas que han entregado su vida para poder estar cerca de Dios, entregados a la oración por todos nosotros... Tomamos prestado este testimonio de una de nuestras Clarisas del Convento de Villarrobledo... GRACIAS. 
 
PUEDES VISITAR SU BLOG EN: http://clarisas-villarrobledo.blogspot.com.es/
 
 
JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA
2-FEBRERO- 2014
Todos conocemos el día 2 de febrero como la fiesta de la candelaria, pero desde el año 1997, la Iglesia celebra además la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. instituida por el próximamente santo Juan Pablo II. Esta Jornada tiene como objetivos: Dar gracias a Dios por el Don de la Vida Consagrada  a la Iglesia y a la humanidad; promover su conocimiento y estima; invitar a los consagrados a celebrar lo que Dios ha hecho en sus vidas.
El día de hoy, todos los consagrados renovamos nuestro compromiso de seguir a Cristo.
Me han invitado a dar mi testimonio como consagrada.
Yo, personalmente, doy gracias a Dios por haberse fijado en mí, llamándome a una vida de intimidad con Él. Os voy a resumir cómo fue mi vocación.

No quería ser monja ni verme vestida con el hábito religioso, pues era muy presumida. Pero el Señor, que me había elegido para Él, pudo conmigo. Dice una canción que yo escogí para mi toma de hábito: “Yo pretendí ahogar tu voz en mi ser, llegué a pensar, que yo podría olvidar, mas tú gritabas dentro de mí y eras como un volcán difícil de extinguir”.
Desde párvulos hasta 8º de EGB estuve en el colegio de las carmelitas. Con 14 años pasé al Instituto, me hice distribuidora de AVON, catequista, cantaba  y tocaba la guitarra en el coro de san José. Desde los 16 a los 19 años viajé a Francia de intercambio para perfeccionar el francés. Durante estos meses hice turismo por Bretaña, Normandía, Castillos del Loira, los Alpes, los Pirineos, el Macizo Central, Saboya, Alvernia,… Un regalo de Dios el conocer tantos lugares preciosos donde pude admirar la grandeza del Creador y sentirme hija suya.
Sor Yolanda, con camiseta roja, a los 17 años y con su amiga francesa
A los 17 años me fui a Cuenca a estudiar Magisterio. En esos 3 años formaba parte de la J.A.C. asistía a las reuniones, cantaba en el coro, visitábamos a los ancianos, saqué 4 años de francés en la Escuela Oficial de idiomas.
Fue en unos Ejercicios Espirituales donde descubrí el amor de Dios por mí y a Jesucristo como una Persona Viva. Me dejé seducir por Él. Saqué el compromiso de ir todos los días a misa y rezar el Rosario.
Gracias a la frecuencia de los sacramentos, la oración y  la Dirección Espiritual descubrí mi vocación contemplativa. Así en Junio de 1990 acabé mis estudios y a los dos meses escasos ingresé en las clarisas de Villarrobledo.
La obra ha sido y sigue siendo del Señor que me llamó. Sin su fuerza y seducción hubiera sido imposible dejar a tantas personas queridas.
A lo largo de los 23 años como clarisa he experimentado la realidad del lema de este año para esta Jornada de hoy: “La alegría del Evangelio en la  Vida Consagrada”. Por experiencia sabemos que cuando pecamos, o estamos encerrados en nosotros mismos sin acordarnos de los demás, nos ponemos tristes y malhumorados. Cuando somos capaces de no hacer de nosotros en centro, de sacrificarnos por el bien de los demás, nos sentimos contentos. La entrega de sí mismo produce alegría y eso es lo que hacen los consagrados a  Dios. La alegría verdadera es un fruto del Espíritu Santo y una consecuencia lógica de hacer de Dios el único Señor de tu vida, haciendo su voluntad y cargando con la cruz de cada día. Una máxima que me acompaña desde postulante es: “Si Dios te pide mucho es que quiere darte más”. En estos años de Vida Consagrada, he experimentado la cercanía de Jesús en las circunstancias más triviales de cada día, su Providencia en las necesidades personales y comunitarias. Es el compañero de camino. El descubrimiento de su Palabra como una realidad viva ha sido una de las mayores gracias que he recibido en mis años de Vida Religiosa
Sor Yolanda en el patio central del Convento

¿Por qué opté por la vida contemplativa? En tercero de Magisterio dedicaba una hora a la oración. Cuando tienes este hábito, la oración se convierte en la “respiración del alma”, sin oración te mueres. Además yo quería que todos los hombres abrieran su corazón al amor de Dios y comprendí que el mejor modo de contribuir a ello era entregar mi vida al Señor orando por ellos.
Para terminar, quisiera pedir a los sacerdotes que acompañen a los jóvenes, chicos y chicas, ayudándoles a descubrir la voluntad de Dios sobre ellos y ser valientes para dejarlo todo si se sienten llamados por Dios. En la Iglesia hay una gran variedad de carismas. Hay que orar por la humanidad y muchos pobres esperan de nuestro servicio para continuar con la obra que Cristo hizo en la tierra.  A los padres que no se cierren, que sean generosos y no desanimen a sus hijos ante una posible llamada de Dios.
Sor Yolanda de los Ángeles.

viernes, 31 de enero de 2014

Mensaje del Papa

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 51 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
11 DE MAYO DE 2014 – IV DOMINGO DE PASCUA
Tema: Vocaciones, testimonio de la verdad

Queridos hermanos y hermanas:
1. El Evangelio relata que «Jesús recorría todas las ciudades yMt 9,35-38). Estas palabras nos sorprenden, porque todos sabemos que primero es necesario arar, sembrar y cultivar para poder luego, a su debido tiempo, cosechar una mies abundante. Jesús, en cambio, afirma que «la mies es abundante». ¿Pero quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La respuesta es una sola: Dios. Evidentemente el campo del cual habla Jesús es la humanidad, somos nosotros. Y la acción eficaz que es causa del «mucho fruto» es la gracia de Dios, la comunión con él (cf. Jn 15,5). Por tanto, la oración que Jesús pide a la Iglesia se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están al servicio de su Reino. San Pablo, que fue uno de estos «colaboradores de Dios», se prodigó incansablemente por la causa del Evangelio y de la Iglesia. Con la conciencia de quien ha experimentado personalmente hasta qué punto es inescrutable la voluntad salvífica de Dios, y que la iniciativa de la gracia es el origen de toda vocación, el Apóstol recuerda a los cristianos de Corinto: «Vosotros sois campo de Dios» (1 Co 3,9). Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él.
aldeas… Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas “como ovejas que no tienen pastor”. Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”» (
2. Muchas veces hemos rezado con las palabras del salmista: «Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño» (Sal 100,3); o también: «El Señor se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya» (Sal 135,4). Pues bien, nosotros somos «propiedad» de Dios no en el sentido de la posesión que hace esclavos, sino de un vínculo fuerte que nos une a Dios y entre nosotros, según un pacto de alianza que permanece eternamente «porque su amor es para siempre» (cf. Sal 136). En el relato de la vocación del profeta Jeremías, por ejemplo, Dios recuerda que él vela continuamente sobre cada uno para que se cumpla su Palabra en nosotros. La imagen elegida es la rama de almendro, el primero en florecer, anunciando el renacer de la vida en primavera (cf. Jr 1,11-12). Todo procede de él y es don suyo: el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, pero ―asegura el Apóstol―«vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios» (1 Co 3,23). He aquí explicado el modo de pertenecer a Dios: a través de la relación única y personal con Jesús, que nos confirió el Bautismo desde el inicio de nuestro nacimiento a la vida nueva. Es Cristo, por lo tanto, quien continuamente nos interpela con su Palabra para que confiemos en él, amándole «con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser» (Mc 12,33). Por eso, toda vocación, no obstante la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Es un «éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los hermanos y hermanas» (Discurso a la Unión internacional de superioras generales, 8 de mayo de 2013). Por eso, todos estamos llamados a adorar a Cristo en nuestro corazón (cf. 1 P 3,15) para dejarnos alcanzar por el impulso de la gracia que anida en la semilla de la Palabra, que debe crecer en nosotros y transformarse en servicio concreto al prójimo. No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Jamás nos abandona. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro asentimiento y nuestra colaboración.
3. También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación. Os invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejaros transformar interiormente por sus palabras que «son espíritu y vida» (Jn 6,63). María, Madre de Jesús y nuestra, nos repite también a nosotros: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Os hará bien participar con confianza en un camino comunitario que sepa despertar en vosotros y en torno a vosotros las mejores energías. La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. ¿Acaso no dijo Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,35)?
4. Queridos hermanos y hermanas, vivir este «“alto grado” de la vida cristiana ordinaria» (cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31), significa algunas veces ir a contracorriente, y comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros. Jesús mismo nos advierte: La buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada por el Maligno, bloqueada por las tribulaciones, ahogada por preocupaciones y seducciones mundanas (cf. Mt 13,19-22). Todas estas dificultades podrían desalentarnos, replegándonos por sendas aparentemente más cómodas. Pero la verdadera alegría de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el corazón a grandes ideales, a cosas grandes. «Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Id siempre más allá, hacia las cosas grandes. Poned en juego vuestra vida por los grandes ideales» (Homilía en la misa para los confirmandos, 28 de abril de 2013). A vosotros obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas os pido que orientéis la pastoral vocacional en esta dirección, acompañando a los jóvenes por itinerarios de santidad que, al ser personales, «exigen una auténtica pedagogía de la santidad, capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe integrar las riquezas de la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31).
Dispongamos por tanto nuestro corazón a ser «terreno bueno» para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los Sacramentos celebrados y vividos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más crecerá en nosotros la alegría de colaborar con Dios al servicio del Reino de misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Y la cosecha será abundante y en la medida de la gracia que sabremos acoger con docilidad en nosotros. Con este deseo, y pidiéndoos que recéis por mí, imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 15 de Enero de 2014

FRANCISCO

sábado, 11 de enero de 2014

Vigilia de oración por las Vocaciones

Nos juntamos en la Catedral el 17 de enero a las 21 horas.


http://www.arzobispadodepuertomontt.cl/portada/images/stories/adoracion.jpg 



Iniciamos el año pidiendo a Dios con nuevas ilusiones por el don de la Vocación para nuestra Diócesis. 

jueves, 9 de enero de 2014

Entrevista desde Roma


http://438424cd093f86f0c7e0-2cd4f1b3b970cf6c05d6a60490c230b4.r88.cf2.rackcdn.com/mexicanopapa2192013b.jpgEl monseñor mexicano, Jorge Carlos Patrón Wong, es el nuevo secretario para los seminarios. Llegó hace apenas una semana a Roma desde la diócesis de Papantla, pero desde el primer día está trabajando en su nuevo cometido, "la relación con los rectores, formadores, seminaristas y los obispos, que son directamente responsables de sus seminarios". Un trabajo muy constructivo como todo lo que es a favor de las nuevas generaciones, tal y cómo el propio monseñor Patrón define en la entrevista realizada por ZENIT. Para esta labor, se creará un equipo nuevo, con sacerdotes de distintos idiomas y países. La Congregación para el Clero está formada por dos secretarías -una para los seminarios y otra para el clero- ambas coordinadas por el prefecto, el recién nombrado monseñor Beniamino Stella. Esto es así desde el pasado 25 de enero, tras la reforma que Benedicto XVI realizó a través de un motu proprio, que pasó la competencia de los seminarios de la Congregación para la Educación Católica a la Congregación para el Clero.

Monseñor Patrón, el pasado mes de septiembre, recibió una llamada a las cinco de la mañana del nuncio apostólico de México, que se encontraba en Francia. Al otro lado del teléfono escuchó: "monseñor Jorge Carlos, te hablo desde Francia. Me acaba de hablar el cardenal Bertone, secretario de Estado y me dijo que el santo padre va a nombrar al primer secretario de los seminarios, quiere que sea un mexicano y quiere que seas tú". Recibió la noticia con mucha sorpresa pero su respuesta no pudo ser otra que sí, algo que reconoce aprendió en el seminario "que a todo lo que me pida la Iglesia a través de mis superiores dijera que sí". Aunque afirma que para él, vivir en el Vaticano estaba completamente fuera de sus expectativas.

¿Cómo han sido sus primeros días de trabajo en el Vaticano?
-- Mons Patrón Wong. Hasta el último minuto en la diócesis de Papantla lo dediqué al trabajo de allí. Cuando tomé el avión comencé a pensar en mi nuevo pueblo y mi nueva misión, los seminarios del mundo. Llegando aquí en la mañana, dejé las maletas en Santa Marta y me vine para la congregación inmediatamente. Ya estoy acá, comenzamos.  Ese primer día hubo dos momentos significativos. Al terminar de comer me encontré en el pasillo con el papa. Él me sorprendió porque se acercó a mi y me dijo 'bienvenido, te conozco desde el Celam' y después una frase que me dejó mudo: 'estoy aquí para servirte'. Tras unos segundos de sorpresa le respondí, 'yo estoy aquí para servirle a usted y a la Iglesia'. Y como se tenía que marchar me dijo: 'Después hablamos'. El segundo momento, fue en la noche, cuando fui a la capilla a rezar. Sentí que alguien entró y se colocó detrás de mí, era el papa. Todo ese tiempo de oración en silencio, el saber que uno está orando con el papa, da una fortaleza y una experiencia espiritual extraordinaria.

Hablar del trabajo en los seminarios nos lleva directamente a hablar de las vocaciones y en consecuencia, la crisis vocacional. ¿Cómo enfrenta la Iglesia ésto?
-- Mons Patrón Wong. Cualquier elemento de una crisis, es vivida en la Iglesia desde la fe y la esperanza. Son momentos de gracia y para renovar  a la  Iglesia y para vivir con mayor autenticidad los planes de Dios. En pleno siglo XXI nos encontramos con un cambio de época, cambios muy rápidos, muy retadores y situaciones muy diversificadas en los continentes y los países. Pero al mismo tiempo con una fortaleza humana, espiritual y de experiencia formativa de siglos. Ante esta riqueza del pasado, ante la nueva situación que vivimos, es un momento de gracia para renovarnos, modificar, cambiar, adaptar muchas realidades de la formación sacerdotal de acuerdo a la realidad de las nuevas generaciones y lo que Dios nos está pidiendo para el mundo de hoy. Sin olvidar la riqueza de la experiencia pedagógica del pasado y sus frutos que es la santidad de muchos sacerdotes.
Latinoamérica se ha distinguido por una vitalidad vocacional y formativa, en los últimas décadas, es necesario contribuir con nuestra experiencia y al mismo tiempo enriquecernos con la experiencia de la Iglesia universal.
La crisis vocacional no es otra cosa que una expresión de una crisis más amplia de identidad del ser humano, de la familia, de ser cristiano, del propio mundo y de la propia sociedad. Pero hay que verlo con serenidad porque donde hay vida hay cambios.
La pastoral vocacional debe estar en todas las dimensiones de la Iglesia y todos debemos colaborar: familias, escuelas, parroquias... a vocacionalizar la vida humana. El elemento crítico es que a las nuevas generaciones se les enseña a ver la vida como una profesión y no como una vocación. Estamos en un momento precioso donde la Iglesia puede aportar al mundo y a las nuevas generaciones la experiencia de vivir la vida como vocación, llamada personal de Dios.

La formación en los seminarios ¿qué es necesario adaptar y qué debe permanecer?
-- Mons Patrón Wong. Desde el punto de vista vocacional lo que debe permanecer es la presencia y el encuentro personal con Cristo. Segundo, la vivencia comunitaria de la fe, somos Iglesia, familia. Tercero, la misión; tenemos un por qué, un para quién. Cuarto, es un camino de discernimiento; no tenemos todas las respuestas, las vamos descubriendo en el camino. Quinto, la vivencia de la fe, la esperanza y el amor que caracteriza la vida de un creyente. Sexto, la presencia de la Virgen María en nuestra vida.
Lo que sí tenemos que estar muy atentos es ¿dónde Dios vive? Hay que hacer presencia como Iglesia y cuál es el lenguaje, el modo y las formas como las nuevas generaciones viven  esos valores. Porque la sociedad de hoy es muy diferente a la del pasado. Antes estábamos más protegidos por un ambiente cultural cristiano, hoy es un ambiente más plural, en muchos sentidos muy agresivo con los jóvenes y esto implica que la experiencia del joven es muy diferente a la que nosotros vivimos. Por eso hay que descubrir dónde están los jóvenes, y estar presentes para acompañar. Es interesante ver los cambios que hay que hacer y unirlos a la originalidad, de cómo Jesús estuvo presente en el desarrollo vocacional de los discípulos.

¿Qué dificultades se encuentran los jóvenes para poder vivir esta experiencia vocacional?
--El joven de hoy vive en un mundo lleno de agresividad, por la inseguridad, la desconfianza, la violencia, la competencia. También donde lo más delicado del ser humano es muy atacado, a través de vicios y corrupciones. Un niño o un joven encuentra  a su alcance pornografía, alcohol, drogadicción, narcotráfico... y no lo pide pero llegan a él. Cuando uno comprende esta realidad, empieza a querer y amar más a los jóvenes. La experiencia vocacional se desarrolla en un ambiente y circunstancias difíciles. Y este es el reto. Para acompañar al joven, tenemos que entender esta realidad. Este mundo de hoy con tantas expectativas triunfalistas, materialistas, llenas de placer, de goces inmediatos, se topan con la realidad de la frustración porque no hay espacios donde trabajar y realizar sus sueños, es un mundo contradictorio.

El papa en la exhortación apostólica dice "no se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones, y menos si estas se relacionan con inseguridades afectivas, búsquedas de formas de poder, glorias humanas o bienestar económico". ¿Cómo remediar esto?
Hay un camino que debemos hacer antes del seminario y es que los candidatos al seminario sean cristianos, seguidores de Jesús. Niños y jóvenes que sean  buenos cristianos y buenos ciudadanos. La tarea previa al seminario es esa. Si al seminario llegan buenos cristianos, lo que viene va a caminar muy bien. Es por esto que necesitamos la labor de toda la Iglesia y la sociedad. El seminario ayudará al joven que tiene alguna inquietud sacerdotal a descubrir si Dios le llama a vivir  su vocación a la santidad como ministro al servicio del pueblo de Dios, con el corazón de Cristo Buen Pastor. Hay que verificar muy bien, durante todo el proceso, que la vida cristiana esté a la base. Y desde ahí responder al llamado especifico de la vocación sacerdotal.

¿Cuáles son los indicadores para descubrir si existe o no vocación sacerdotal?

¿Cuál es la visión del papa para los seminarios?
-- El santo padre dice que este elemento formativo, constructivo y positivo a favor de las nuevas generaciones se realice. Es el aporte concreto y específico, que todo aquello que podamos hacer con la Iglesia para ayudar a que los jóvenes descubran, valoren, crezcan en la vocación que Dios les da. Los seminarios tienen un trabajo importante, no únicamente para tener mejores, más santos, más auténticos y felices sacerdotes. Si no también con aquellos que por cualquier razón entran en el seminario y Dios no les llama a eso, para que encuentren en la vida laical comprometida la felicidad de ser cristianos. Es un doble trabajo. Y un trabajo en conjunto con las parroquias, los movimientos, las familias y la sociedad.

El papa dice en la exhortación apostólica: "sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo". ¿Qué sueño tiene usted para los seminarios?
-- Sueño que los seminaristas y los sacerdotes estén siempre muy cerca de Dios y muy cerca de la gente. Porque esas dos cercanías son lo que hace feliz no únicamente a ellos, sino que hace que ese seminarista o sacerdote feliz, amando y sirviendo, produzca felicidad.
Que sean propositivos y felices. El sueño no es sacerdotes católicos para los católicos, sino para el mundo. El bien que el sacerdote debe realizar no es solo para la Iglesia católica sino para todos.

martes, 24 de diciembre de 2013

viernes, 29 de noviembre de 2013

Vigilia de Oración por las vocaciones


Esta noche a las 21 horas en la Catedral nos juntamos para rezar por las vocaciones de nuestra Diócesis.
Invita a tus amigos para estar con el mejor Amigo.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Orar por los sacerdotes

En el mundo de Internet encontramos de todo... información, desinformación; verdades, mentiras... diversiones... También podemos encontrar ventanas que nos lleven a la Oración...Todo esto parece una divagación y no es una mala definición, pero continúa leyendo para ver dónde quiero llegar...

Me ha parecido curioso encontrar el espacio virtual un sitio para rezar por los sacerdotes. Nos puede servir para caer en la cuenta de esta necesidad dentro de la Iglesia. El Sacerdocio es un regalo de Dios para hacer sensible Su Presencia en el día a día de nuestra existencia. Y no es tarea fácil. Merece la pena ser sacerdote y, al reconocerlo como Don nos compromete a cuidarlo.

Por esto os dejo este enlace:


No sólo se trata de apuntarse y ya está... Es la expresión de una actitud, de un propósito; porque estamos convencidos de la necesidad de pedir a Dios por los sacerdotes: para que sean auténticos testigos y nos ayuden a vivir la Fe con alegría.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Dios tiene misericordia de nosotros


“En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: -«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: -«Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido." Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido." Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (Lucas 15,1-10).  

El amor de Jesús nos hace felices, en la esperanza del cielo, y por ese tesoro podemos renunciar a toda cosa humana

1. El capítulo 15 de san Lucas ha sido llamado "el corazón del evangelio". Ha sido llamado “el evangelio de la misericordia” por Juan Pablo II: hoy leemos la de la oveja descarriada y la de la moneda perdida. La del hijo pródigo, la más famosa, la leemos en Cuaresma.
Los fariseos y los letrados murmuraban de él porque acogía a los publicanos y pecadores y comía con ellos. La lección, por tanto, va para estas personas que no tienen misericordia, que solían acercarse en masa para escuchar a Jesús pero lo criticaban diciendo: "Este hombre acepta a los pecadores y come con ellos". Nos dejaron sin querer una de las definiciones de Jesús: "aquel que acepta bien a los pecadores". He ahí una revelación sorprendente de Dios. Jesús les dice:
-“Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una ¿no deja las noventa y nueve en el campo para ir en busca”... La aritmética de Dios no es la nuestra. El número, la cantidad nos impresionan siempre. Para Dios "uno" iguala a "noventa y nueve". Cada hombre tiene un valor inestimable. Misterio del respeto que Dios tiene para cada uno de nosotros. ¡Tú nos amas, Señor, con un amor "personal", "individualizado"! Pienso por contraste mi poco interés en recordar los nombres de este niño, de la persona que me atendió en tal ocasión… y cada uno de ellos, es amado por Dios. El Buen Pastor es Cristo: “puso la oveja sobre sus hombros, porque, al asumir la naturaleza humana, Él mismo cargó con nuestros pecados” (San Gregorio Magno).
La parábola es una explicación de la conducta de Jesús, y nos explica que frente a Él, quien le juzga acaba por ser juzgado en aquello mismo que juzga. La estructura de esta parábola, como la de la dracma perdida, son similares: expresan la alegría por haber encontrado lo perdido y Jesús añade que así es la alegría en el cielo por el arrepentimiento de un pecador de manera que el oyente entiende que la actitud del pastor o de la mujer, su alegría, representan a Dios que no se queda cruzado de brazos ante nuestras debilidades, sale a buscar lo perdido, y con un celo hace lo necesario para encontrarnos, pero sobre todo se alegra cuando le buscamos a él: “mas esta fuerza tiene el amor, si es perfecto, que olvidamos nuestro contento por contentar a quien amamos. Y verdaderamente es así que, aunque sean grandísimos trabajos, entendiendo contentamos a Dios, se nos hacen dulces” (Santa Teresa de Jesús; cf Biblia de Navarra).
-...“Para ir en busca de "la descarriada", hasta que la encuentra” Me la imagino. Es precisamente aquella que se ha escapado, o que se ha perdido, Es aquella la que embarga todo el pensamiento del pastor. Sólo ella cuenta, por el momento. ¡Es así nuestro Dios! Un Dios que sigue pensando en los que le han abandonado, un Dios que ama a los que no le aman, un Dios que anda en busca de sus "hijos dispersos" ¡La oveja que causa preocupación a Dios! ¿Soy quizá yo?
-“Cuando la encuentra, se la carga en los hombros, muy contento...” Un hombre, un pastor feliz, sonriente, exultante, muy contento. ¡Así se nos presenta Dios!
-“Y de regreso a su casa, reúne a sus amigos y a sus vecinos para decirles: "alegraos conmigo, porque he encontrado mi oveja, la que había perdido"”. Alegraos conmigo, dice Dios. Dios es un ser que se alegra, y de su alegría, hace partícipes a los demás. La "alegría de Dios" es encontrar de nuevo a los hijos que estaban perdidos.
-“Os digo: "Lo mismo pasa en el cielo, da más alegría un pecador que se enmienda, que noventa y nueve justos que no necesitan enmendarse, convertirse"”. En el cielo hay alegría ¿Quién quiere alegrarse conmigo, dice Dios? ¡Un solo pecador que se convierte! ¿Lo he oído bien? ¡Un solo pecador que se convierte! ¡Uno solo! pasa a tener una importancia desmesurada a los ojos de Dios. Parece que sólo "él" es el que cuenta. Y tú, ¡no te contentas con esperar que ella vuelva! Tú saliste a buscarla. ¿Y yo? ¿Tengo ese mismo afán por la salvación de los hombres? ¿Tengo, como Dios, un corazón misionero? ¿enviado para salvar lo que se ha perdido?
-“Y, si una mujer tiene diez monedas de plata y se le pierde una, ¿no enciende un candil, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?” Lucas es el único que nos cuenta esa parábola "femenina", que nos repite lo mismo; con otra imagen. "Alumbrar"... "barrer"... "buscar con cuidado..." Yo, pecador, como todos los pecadores, soy objeto de ese amor (Noel Quesson).
La Virgen María, en su Magníficat, cantaba a Dios porque "acogió a Israel su siervo acordándose de su misericordia". Si al pueblo elegido de Israel le tuvo que perdonar, también a nosotros, que no somos mucho mejores. Pero la lección se orienta a nuestra actitud con los demás, cuando fallan. Sería una pena que estuviéramos retratados en los fariseos que murmuran por el perdón que Dios da a los pecadores, o en la figura del hermano mayor del hijo pródigo que no quería participar en la fiesta que el padre organizó por la vuelta del hermano pequeño. ¿Tenemos corazón mezquino o corazón de buen pastor?
Si somos tolerantes y sabemos perdonar con elegancia, entonces sí nos podemos llamar discípulos de Jesús. La imagen de Jesús como Buen Pastor que carga sobre sus hombros a la oveja descarriada (la famosa estatua del siglo III que se conserva en el Museo de Letrán en Roma), debería ser una de nuestras preferidas: nos enseña a ser buenos pastores y a no comportarnos como los fariseos puritanos que se creen justos, sino como seguidores de Jesús, que no vino a condenar sino a perdonar y a salvar (J. Aldazábal).
Quizá la nota dominante en las parábolas de la misericordia es la alegría que reina en el ambiente. Gracia en griego se dice "járis" y va unida con la alegría, que se dice "jára". No importa si nos sentimos pecadores, pues Jesús dice: “No he venido para los sanos, sino para los enfermos” (Mc 2,17). Malo sería que nos sintamos sanos que no lo necesitan. Sentado entre estos hombres que parecen muy alejados de Dios, Jesús se nos muestra entrañablemente humano. No se aparta de ellos, sino que busca su trato. La oración de hoy nos debe llevar a aumentar nuestra confianza en Jesús cuanto mayores sean nuestras necesidades; especialmente si en alguna ocasión sentimos con más fuerza la propia flaqueza. Y pediremos con más confianza por aquellos que están alejados del Señor. La vida de Jesús estuvo totalmente entregada a sus hermanos los hombres (Gal 2,20), con un amor tan grande que llegará dar la vida por todos (Jn 13,1). Cuanto más necesitados nos encontramos, más atenciones tiene con nosotros. Esta misericordia supera cualquier cálculo y medida humana. El Buen Pastor no da por definitivamente perdida a ninguna de sus ovejas. Con esta parábola, el Señor expresa su inmensa alegría ante la conversión de un pecador; un gozo divino que está por encima de toda lógica humana. Es la alegría de Dios cuando recomenzamos en nuestro camino, quizá después de pequeños o grandes fracasos. Existe también una alegría muy particular cuando hemos acercado a un amigo o a un pariente al sacramento del perdón, donde Jesucristo le esperaba con los brazos abiertos. Jesucristo sale muchas veces a buscarnos. Jesús se acerca al pecador con respeto, con delicadeza. Sus palabras son siempre expresión de su amor por cada alma. Los cuidados y atenciones de la misericordia divina sobre el pecador arrepentido son abrumadores. Nos perdona y olvida para siempre nuestros pecados. Lo que era muerte se convierte en fuente de vida. Nos muestra el Señor el valor que para Él tiene una sola alma y los esfuerzos que hace para que no se pierda. Este interés es el que debemos tener para que los demás no se extravíen y, si están lejos de Dios, para que vuelvan. Pidámoselo a Nuestra Madre (F. Fernández Carvajal).
2. Hoy San Pablo nos habla de ser flexible ante las distintas sensibilidades: -“Hermanos, ninguno de nosotros vive para sí mismo, y tampoco muere nadie para sí mismo”. Nuestra vida no puede proyectarse hacia un autoperfeccionamiento egoísta sino «hacia los demás», hacia Dios. -“Vivimos para el Señor, morimos para el Señor”. Es el primer principio para conservar o desarrollar la unidad entre cristianos de "opciones" opuestas: que cada uno actúe con lealtad "como servidor del mismo Señor". -“Ya vivamos, ya muramos, pertenecemos al Señor”, referencia absoluta. Hoy vemos conservadores, progresistas… cada uno que siga su conciencia sin uniformizar todo. La unidad no ha de hacerse a ese nivel concreto, sino más profundamente, en el esfuerzo de cada uno para ser «servidor del mismo Dios», para pertenecer al mismo Dios. Necesitamos  hoy también, como siempre, una cultura de pluralismo. Señor, ayúdanos a que te pertenezcamos... a que aceptemos las tensiones que nos dividen en todos los otros puntos.
-“Entonces tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Tú, ¿por qué desprecias a tu hermano?” Es el segundo «principio»: ayúdanos, Señor, a no juzgar, a no despreciar.
-“Todos compareceremos ante el tribunal de Dios”. El "Juicio" es una prerrogativa sólo de Dios y ¡nosotros seremos juzgados por El! Precisa tener en cuenta esta eventualidad. Jesús mismo nos recomendó firmemente esta actitud cuando nos pidió que no mirásemos demasiado la «paja en el ojo del vecino» cuando no vemos «la viga que hay en el nuestro».
-“Por mi vida, dice el Señor, que toda rodilla se doblegará ante Mí...” Así, pues, cada uno de nosotros deberá rendir cuenta de sí mismo a Dios. No hay nada mejor que ese género de pensamientos para ayudarnos a relativizar nuestras posturas demasiado categóricas. Señor, no quiero temer tu juicio. Pero que esto me ayude a estar más abierto a los demás (Noel Quesson); a ser tolerante y no querer imponer mi opinión.
3. “El Señor es mi luz…” que para un cristiano tiene una nueva referencia en las palabras de Jesús: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12; cf 1,9). San Juan de Nápoles dice que las almas luminadas por esta luz no caen en el pecado, no tropiezan en el mal, caminan con el Señor.

Llucià Pou Sabaté

jueves, 31 de octubre de 2013

Para ser Apóstol hay que rezar


1. La Iglesia es apostólica porque está fundada en la predicación y la oración de los Apóstoles, en la autoridad que les ha sido dada por Cristo mismo. San Pablo escribe a los cristianos de Éfeso: «Vosotros sois conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular» (2, 19-20); o sea, compara a los cristianos con piedras vivas que forman un edificio que es la Iglesia, y este edificio está fundado sobre los Apóstoles, como columnas, y la piedra que sostiene todo es Jesús mismo. ¡Sin Jesús no puede existir la Iglesia! ¡Jesús es precisamente la base de la Iglesia, el fundamento! Los Apóstoles vivieron con Jesús, escucharon sus palabras, compartieron su vida, sobre todo fueron testigos de su muerte y resurrección. Nuestra fe, la Iglesia que Cristo quiso, no se funda en una idea, no se funda en una filosofía, se funda en Cristo mismo. Y la Iglesia es como una planta que a lo largo de los siglos ha crecido, se ha desarrollado, ha dado frutos, pero sus raíces están bien plantadas en Él y la experiencia fundamental de Cristo que tuvieron los Apóstoles, elegidos y enviados por Jesús, llega hasta nosotros. Desde aquella planta pequeñita hasta nuestros días: así la Iglesia está en todo el mundo.


2. Pero preguntémonos: ¿cómo es posible para nosotros vincularnos con aquel testimonio, cómo puede llegar hasta nosotros aquello que vivieron los Apóstoles con Jesús, aquello que escucharon de Él? He aquí el segundo significado del término «apostolicidad». El Catecismo de la Iglesia católica afirma que la Iglesia es apostólica porque «guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a  los Apóstoles» (n. 857). La Iglesia conserva a lo largo de los siglos este precioso tesoro, que es la Sagrada Escritura, la doctrina, los Sacramentos, el ministerio de los Pastores, de forma que podamos ser fieles a Cristo y participar en su misma vida. Es como un río que corre en la historia, se desarrolla, irriga, pero el agua que corre es siempre la que parte de la fuente, y la fuente es Cristo mismo: Él es el Resucitado, Él es el Viviente, y sus palabras no pasan, porque Él no pasa, Él está vivo, Él hoy está entre nosotros aquí, Él nos siente y nosotros hablamos con Él y Él nos escucha, está en nuestro corazón. Jesús está con nosotros, ¡hoy! Esta es la belleza de la Iglesia: la presencia de Jesucristo entre nosotros. ¿Pensamos alguna vez en cuán importante es este don que Cristo nos ha dado, el don de la Iglesia, dónde lo podemos encontrar? ¿Pensamos alguna vez en cómo es precisamente la Iglesia en su camino a lo largo de estos siglos —no obstante las dificultades, los problemas, las debilidades, nuestros pecados— la que nos transmite el auténtico mensaje de Cristo? ¿Nos da la seguridad de que aquello en lo que creemos es realmente lo que Cristo nos ha comunicado?

3. El último pensamiento: la Iglesia es apostólica porque es enviada a llevar el Evangelio a todo el mundo. Continúa en el camino de la historia la misión misma que Jesús ha encomendado a los Apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 19-21). Esto es lo que Jesús nos ha dicho que hagamos. Insisto en este aspecto de la misionariedad porque Cristo invita a todos a «ir» al encuentro de los demás, nos envía, nos pide que nos movamos para llevar la alegría del Evangelio. Una vez más preguntémonos: ¿somos misioneros con nuestra palabra, pero sobre todo con nuestra vida cristiana, con nuestro testimonio? ¿O somos cristianos encerrados en nuestro corazón y en nuestras iglesias, cristianos de sacristía? ¿Cristianos sólo de palabra, pero que viven como paganos? Debemos hacernos estas preguntas, que no son un reproche. También yo lo digo a mí mismo: ¿cómo soy cristiano, con el testimonio realmente?
La Iglesia tiene sus raíces en la enseñanza de los Apóstoles, testigos auténticos de Cristo, pero mira hacia el futuro, tiene la firme conciencia de ser enviada —enviada por Jesús—, de ser misionera, llevando el nombre de Jesús con la oración, el anuncio y el testimonio. Una Iglesia que se cierra en sí misma y en el pasado, una Iglesia que mira sólo las pequeñas reglas de costumbres, de actitudes, es una Iglesia que traiciona la propia identidad; ¡una Iglesia cerrada traiciona la propia identidad! Entonces redescubramos hoy toda la belleza y la responsabilidad de ser Iglesia apostólica. Y recordad: Iglesia apostólica porque oramos —primera tarea— y porque anunciamos el Evangelio con nuestra vida y con nuestras palabras. (Catequesis 16 de octubre 2013)

domingo, 27 de octubre de 2013

Feliz Domingo


El mundo, más que nunca, necesita conocer a Dios. Toca ir desmontando las caricaturas que de Él hacen los hombres... Ayudar a las personas de nuestro tiempo a descubrir al Dios verdadero, es maravillo. Por eso...

jueves, 24 de octubre de 2013

CALENDARIO DE VIGILIAS DE ORACIÓN


Son momentos de Encuentro con Dios: el objetivo de toda vida cristiana. Con el aliciente de poder descubrir lo que el Señor nos pide a cada uno de nosotros de una forma personal. Una cita con Dios. No faltes

viernes, 27 de septiembre de 2013

Para reflexionar

Es un vídeo rápido y con enjundia, pero nos invita a reflexionar sobre cómo es la Salvación. Te invitamos a verlo para hacer un repaso de este contenido importante de la fe. Sólo en dos minutos.


viernes, 6 de septiembre de 2013

domingo, 1 de septiembre de 2013

DAD GRACIAS A DIOS POR EL REGALO DE LA VOCACIÓN

El 20 de septiembre de 2013, a las 21 horas en La Catedral de Albacete, con el comienzo del nuevo curso, iniciaremos las vigilias de Oración por las Vocaciones. Lo haremos a lo grande para pedir a Dios por el don de la Fidelidad de los nuevos sacerdotes para nuestra Diócesis. El 22 de septiembre recibirán la imposición de manos y la Unción sacerdotal: Fernando, José, Carlo y Bernardo.

Qué maravilla poder empezar así el curso.




Como dice el Papa Francisco: Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo; esta es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas. Y cuando siente que el perfume del Ungido, de Cristo, llega a través nuestro, se anima a confiarnos todo lo que quieren que le llegue al Señor: «Rece por mí, padre, que tengo este problema...». «Bendígame, padre», y «rece por mí» son la señal de que la unción llegó a la orla del manto, porque vuelve convertida en súplica, súplica del Pueblo de Dios. Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición, a veces inoportunas, a veces puramente materiales, incluso banales – pero lo son sólo en apariencia – el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. Intuir y sentir como sintió el Señor la angustia esperanzada de la hemorroisa cuando tocó el borde de su manto. Ese momento de Jesús, metido en medio de la gente que lo rodeaba por todos lados, encarna toda la belleza de Aarón revestido sacerdotalmente y con el óleo que desciende sobre sus vestidos. Es una belleza oculta que resplandece sólo para los ojos llenos de fe de la mujer que padecía derrames de sangre. Los mismos discípulos –futuros sacerdotes– todavía no son capaces de ver, no comprenden: en la «periferia existencial» sólo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. Lc 8,42). El Señor en cambio siente la fuerza de la unción divina en los bordes de su manto.