martes, 5 de julio de 2011

Llamados a dar la VIDA

Hay un dicho popular que reza así: nunca es tarde si la dicha es buena. Esta idea siempre la aplicamos cuando una persona cae en la cuenta de que debe rectificar su vida o que después de un periodo más o menos largo de su vida es capaz de realizar y poner en práctica algún proyecto que tenía previsto desde hace tiempo. Esta es quizás la tarea de toda una vida para los que estamos embarcados en la apasionante aventura de nuestra conversión personal. Nos sabemos metidos en un camino de santificación, que no es otra cosa que hacer realidad el deseo que expresó san Pablo en su carta a los corintios: “vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi”. Sin embargo, también podemos decir que nunca es pronto para poder dar la vida, pues en la niñez o en la madurez, Cristo nos llama y nos dice que “no hay más amor que el que da la vida por sus amigos…..vosotros sois mis amigos….si hacéis los que yo os mando.” Pues esta es la vida de nuestro seminarista, Victoriano, en proceso de beatificación; es estimulo para aquellos que en camino de formación sienten la llamada a darse en la vocación sacerdotal, y desde su cercanía a Dios, pedimos por todos los seminaristas, en especial por los de nuestra diócesis de Albacete.

Victoriano Ballesteros Ballesteros, Seminarista

Nació en Villarrobledo (Albacete) en el año 1912. Era el Hijo mayor de los tres hermanos que tuvieron en su matrimonio José María y Francisca. Su padre trabajaba para unos señores en el campo. Luego se hicieron con un pequeño trozo de tierra y la trabajaban ellos mismos. La familia heredó la casa en la que vivían y una pequeña parcela de viñedo. Marchó al Seminario Menor de Santo Tomás de Villanueva de Toledo en 1927.

En vacaciones ayudaba a su padre en el campo y al sacerdote en la Iglesia. Era buen estudiante y tenía beca todos los años. El curso de 1935-1936, por problemas de salud, lo pasó en su casa.

Cuando estalló la guerra se marchó para refugiarse a Casas de Fernando Alonso, donde tenía familia, pero alguien le vio marchar y lo pudieron encontrar.

Un primo hermano del padre de Victoriano fue el que le mató. Dijo que ese trofeo tenía que ser para él. Cuando vio entrar a su primo se alegró y dijo : - ¡Ay, Lolo que vienes a salvarme ! El pariente le dijo, - Vamos, que te vamos a encontrar una novia. Pero en el cruce de San Clemente con Villarrobledo (Albacete) lo mató.

Era el 15 de agosto de 1936. Después de muerto le colgaron de un pino. Los hortelanos dijeron a la familia que estaba en la carretera, pero cuando lo recogieron ya estaba en el depósito. Primero lo enterraron en San Clemente. Al terminar la guerra lo llevaron a Villarrobledo (Albacete)