sábado, 10 de diciembre de 2011

DOMINGO III de Adviento


Invitación a la alegría: 

“Está en medio de vosotros”

Nuevamente el protagonista del Adviento es Juan el Bautista, el testigo de la luz (Jn1, 7-8). Los evangelios de este domingo recogen su testimonio atento a los signos de la llegada de los tiempos mesiánicos descritos por los profetas. Sin embargo, tradicionalmente este domingo ha estado dedicado a la alegría en la mayor parte de las antiguas liturgias. Es el domingo Gaudete (alegraos), nombre tomado de la primera palabra del canto de entrada de la misa y de la epístola del día:

“Hermanos: estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca” (Flp 4,4-5)

He aquí el motivo de la alegría: la proximidad de la fiesta del nacimiento del Señor. El sacerdote, que en este día puede cambiar el color morado de sus ornamentos por el color rosa pálido, lo expresa también en la oración:

“Está viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe el nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”.

La alegría es la respuesta al gran anuncio que ha hecho Juan el Bautista: “En medio de vosotros está uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatarle la correa de la sandalia”.

El resto de los textos del domingo insisten en las actitudes de los que están a la espera del Señor, sin que falte la amonestación a la penitencia “para salir con corazón limpio a recibir al rey supremo”.

Y es que el sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo perfecciona la obra de la penitencia. Por eso en la oración sobre las ofrendas se ruega al Señor “que lleve a cabo en nosotros la obra de la salvación que ha querido realizar por este sacramento” (Flp 1,6).