jueves, 19 de julio de 2012


Todos hemos sido llamados a la cumbre de más alta y a enfilar mar adentro: Duc in altum. Hemos sido llamados a la cumbre del amor de Dios. Y no hay tarea más noble que la de encaminarnos a esas alturas y ayudar a otros en la ascensión, o a llegar a puerto después de muchos azares: hacer de guía en la vida sobrenatural, pues esta labor, siendo obra del Espíritu Santo, requiere de ordinario la cooperación de otros, a través de lo que se suele llamar dirección o acompañamiento espiritual. Esta práctica secular de la Iglesia "contribuye a formar las conciencias". Hoy más que nunca se necesitan Maestros del Espíritu, santos y sabios: es un serivicio a la Iglesia importante para el que, sin duda, hace falta una vitalidad interior que debe implorarse como don del Espíritu Santo, mediante la oración intensa y prolongada, y una preparación específica que es necesario adquirir por los pastores con esmero.